Verónika Mendoza nació en el hospital Antonio
Lorena en el distrito de Santiago, Cusco, en 1980. En esa época sus padres
vivían en Andahuaylillas, un pequeño distrito de Quispicanchi. Ahí pasó los
primeros años de su infancia al calor del fogón de su abuela y sus
conversaciones en quechua con los vecinos que venían a tomar la chicha que ella
preparaba. Creció jugando en medio de las chacras de maíz de sus abuelos. En
Andahuaylillas asistió al jardín y luego se trasladó al Cusco donde cursó toda
la primaria y la secundaria.
Ingresó a la facultad de Arquitectura de la UNSAAC
en 1997 y tras algunos años entendió que su vocación era más social. Cambió de
carrera e inició su exilio estudiantil. Tuvo la suerte de poder estudiar en
Francia, un país en el cual la educación de calidad no es el privilegio de los
más pudientes sino un real derecho de todos. Hizo una licenciatura de
psicología y, siempre preocupada por acercarse más a la problemática social del
Perú, estudió también antropología y abordó como tema de investigación
principal las tensiones culturales y lingüísticas en la dinámica social
peruana. Su formación académica y su experiencia personal la llevaron a
entender la interculturalidad como cimiento y motor del desarrollo social.
Decidió entonces centrarse en el campo educativo y en el de las lenguas en
particular, por lo que optó por una formación en lenguas andinas y en enseñanza
de segundas lenguas.
Su estadía en Francia no sólo contribuyó a una formación académica sino
también y sobre todo a su conciencia política. La dinámica vida política y
asociativa francesa la enriqueció mucho y ahí comprendió que sin luchas no hay
victorias, que el bienestar social nunca es un regalo de las élites sino una
conquista del pueblo organizado. Desde ese momento se apropió de la historia
política de sus padres: su papá, Marcelino Mendoza fue militante de la Izquierda
Unida y fundador del SUTEP; su mamá, Gabrielle Frisch, fue militante del
Partido socialista unificado francés y participó de la revolución cultural,
social y política de Mayo 68.
Con la comunidad peruana residente en Francia fue construyendo una
identidad política a través de los colectivos culturales, académicos y
políticos que impulsamos en nombre de nuestra tierra, lejana pero siempre
presente. A partir del 2004 se fue gestando lo que sería después el primer
comité de apoyo internacional del Partido Nacionalista Peruano con un grupo de
ciudadanos comprometidos con la emancipación del pueblo peruano y la defensa de
su soberanía tan venida a menos por la política neoliberal en marcha en los
últimos 20 años.
Cuando volvió para instalarse otra vez en el Perú trabajé en proyectos
de educación intercultural principalmente relacionados con el área rural.
Paralelamente seguí trabajando por el fortalecimiento de la institucionalidad
democrática desde el Partido Nacionalista Peruano, construyendo con las bases,
trabajando por el fortalecimiento de la democracia interna y de los sectores
más relegados en los espacios de decisión política en general, los jóvenes y
las mujeres, tratando siempre de articular sus acciones con otros colectivos
culturales y/o políticos.
Ahora que asume este reto de representación sigue creyendo que la única
garantía de una verdadera democracia es la participación activa, consiente y
comprometida de los pueblos organizados en defensa de sus derechos, de sus
sueños. Su trabajo será siempre con ellos.
